martes, 25 de enero de 2011

¡Qué imagen¡ (sobre el e-book otra vez)


Este mismo mediodía, al volver de Sevilla en el metro, he podido contemplar una buena armonía y convivencia entre dos libros. Por un lado, un chico joven con un libro tradicional y por otro, un hombre mayor ,amante de las nuevas tecnologías, leyendo un libro electrónico. Y uno al lado del otro. Quizás éste es el futuro que nos queda por delante: algunos querrán utilizar el antiguo libro, poder oler sus páginas y notar su tacto, y otros preferirán poder descargarse cientos de libros para tenerlos en una pantallita, disponible siempre que se quiera y con luz y vida propias. Sea como sea, podremos elegir y disfrutar de un modo u otro sin problemas

lunes, 24 de enero de 2011

Breve apunte sobre la anticortesía

En la Lingüística pragmática, es decir, el uso concreto y real de cualquier lengua, el habla lo es todo. Dentro de ésta, la forma oral habitual es la conversación. Hace un tiempo, Grice estableció el principio de cooperación por el que para que se produzca una interacción ambas personas establecen un acuerdo táctico para que se desarrolle sin problemas y las dos partes cooperen.

A esto se añadieron una serie de principios que fueron bautizados como "máximas conversacionales": relevancia, modo, cantidad y cualidad. Fueron Sperber y Wilson quienes desarrollaron una interesante teoría en torno a la máxima de relevancia y con el tiempo, apareció el concepto que da título a esta entrada: cortesía (y anticortesía).

La cortesía sería aquella máxima por la que se dan posibilidades al otro, se procura la amabilidad o se respeta al interlocutor. Para algunos, es un producto cultural, para otros, una estrategia para conseguir unos fines determinados. Sea una cosa o la otra, y he aquí lo que nos interesa, la ANTICORTESÍA sería precisamente todo lo contrario: no dar opciones al otro, faltarle el respeto, impedir que se produzca la conversación...Lógicamente, esto puede darse de forma deliberada para romper con lo establecido o para provocar al otro. Sin embargo, algunos estudios han relevado que la anticortesía también se utiliza como recurso afectivo (por paradójico que suene) porque marca confianza, amistad y seguridad entre individuos. De hecho, ciertos grupos de jóvenes pueden identificarse entre sí llamándose "mamona, cabronazo, maricona..." e increíblemente, se lo toman a bien, no lo consideran un insulto y genera un fuerte clima de confianza entre los hablantes. Curioso, ¿verdad?

"El más favorito..."

Ayer mismo oí en la televisión a un presentador de informativos diciendo "el más favorito". Y he aquí otro problema de desconocimiento de la lengua española. No podemos superlativizar un término que ya de por sí lo es, como pasa con "favorito". Pongamos un ejemplo de esto:

-¿Juan es el favorito de María, verdad?
- Sí, yo creo que sí. De todos sus hijos, Juan es el favorito.

En este caso, Juan, de entre todos los hermanos, ocuparía el primer puesto del ranking y por tanto, establece el grado máximo de afecto y cariño de la madre. Al ser el "favorito", no puede haber nadie más por encima suya.
Dejando a un lado este caso, resumo la idea de esta entrada: no podemos superlativizar algo que ya de por sí implica el grado máximo.

sábado, 22 de enero de 2011

¿Qué es la catarsis?

Según la Poética de Aristóteles, la catarsis sería la superación de algún conflicto emocional al contemplar una obra (preferentemente la tragedia) donde el espectador se puede ver reflejado. Al acabar el proceso, el espectador se siente completamente purificado y renovado. De ahí que habitualmente utilicemos el adjetivo "catártico" para referirnos a aquel fenómenos que nos ayuda a superar un conflicto.

Aunque suene a broma, un ejemplo práctico de catarsis sería la visualización de una película romántica con la que uno se sienta identificado y empiece a llorar como una Magdalena.

miércoles, 19 de enero de 2011

¿Son válidas o no las adaptaciones?

Hoy en el máster CAP (o M.A.E.S que viene a ser lo mismo), se ha discutido en clase sobre las adaptaciones literarias, sobre su conveniencia o no. Sigo inclinándome por la mejor postura posible: la convivencia de la obra original y la adaptación. Esta última puede facilitar más la lectura a chicos de menos edad (sobre todo si son grandes obras), suelen traer actividades finales realmente interesantes y pueden ir acompañadas de notas a pie de página donde se expliquen conceptos difíciles, partes confusas o fragmentos del texto original. Otra cosa es ya si la adaptación está bien realizada o no, pero ahí debemos ser nosotros quienes hagamos la criba para ofrecer un buen material a aquellos a los que enseñamos.
Por último, la adaptación nos debe intentar incitar a la lectura de la obra en su formato original y de no ser así, ofrecer una versión clave y fiel de la misma. Eso sí, no está bien ser unos radicales que se llevan las manos a la cabeza y gritan "¡Oh, Dios, están destrozando el Quijote¡". ¿Acaso no se quedan tocadas las obras al ser traducidas, cambiando sentidos y palabras, y nadie se alarma por ello?

Si queréis un buen ejemplo de adaptación literaria a mi modo de ver, echadle un buen vistazo a la adaptación del Quijote en la colección Cucaña de Vicens-Vives .

martes, 11 de enero de 2011

Ejemplo de manipulación lingüística

Independientemente de que la televisión me guste más bien poco, a veces uno la ve y observa algunas cosas curiosas. Hoy mismo, una cadena de televisión resaltaba en un auto-anuncio sus grandes números de audiencia (o ese estúpido anglicismo "share"), apareciendo una gráfica con su éxito frente al de la cadena rival (por supuesto, mucho menor). Al mismo tiempo, la primera cadena enunciaba algo sobre una cualidad suya de que la que suelen jactarse: "más de uno prefiere la alegría".
Al poco, se añadían un par de frases más sin sentido y se decía: "abandona la tristeza...". Hasta ahí todo bien pero, ¿estamos seguros? Aunque leve, la cadena ha sabido montar bien el anuncio de tal forma que no acusa directamente a nadie pero juega con las relaciones mentales y lingüísticas y con lo que en esta disciplina se llaman "implicaturas", algo así como deducciones que un hablante puede sacar de lo que se dice sin que haya dicho expresamente. En definitiva, ante el anuncio, el hablante inconscientemente relaciona las ideas del siguiente modo:

1) Cadena A--->alegría (como se dice explícitamente)
2) Cadena B--->tristeza (como no se dice pero subyace y así lo interpreta el hablante)

Con este ejemplo, no debemos olvidar algo: la manipulación existe en todo y aún más en los medios de comunicación. Por si acaso, seamos prudentes y críticos.

domingo, 9 de enero de 2011

El problema de los cánones literarios

Continuamente estamos clasificando las obras literarias de la historia. Siempre podemos leer artículos de prensa o libros donde se recogen diferentes clasificaciones de las mejores obras de la literatura. En otras palabras, esas creaciones serían la vara de medición y el modelo para todas las demás. Un ejemplo de todo esto sería el famoso Cánon Occidental de Harold Bloom o el malentendido concepto de "Weltliteratur" de Goethe, quien apostaba por una visión "intercultural" de todas las producciones y no las visiones parciales que se ofrecen en la gran mayoría de los cánones literarios.

Los problemas que presentan estas clasificaciones son muy variados. Por mencionar algunos tendríamos que realizarnos preguntas como:
1)¿Nuestra visión de la literatura es absoluta y total o más bien adoptamos una posición eurocentrista?
2 )¿Qué papel se otorga a las literaturas de otros continentes como África y Asia?
3 )¿Cuáles son los criterios de clasificación: por edad de los autores, por contenido, por uso del lenguaje, por su capacidad de venta...?
4 )¿Qué papel juegan en las clasificaciones las traducciones literarias?
5 )¿Por qué algunos autores no han tenido en consideración a los autores de ciertos países de Hispanoamérica o del centro de África?, ¿quién determina si es mejor Goethe o Sywor Kamanda?

Como estas preguntas, podríamos hacernos muchas más y sería difícil dar una solución clara y sencilla a todo este conflicto. Quizás al final sólo nos queda adoptar la postura de la estética de la recepción, donde se da todo el poder literario al lector y será éste quien decida si una obra merece la pena o si realmente, y esto es lo que en el fondo importa, la ha disfrutado.

PD: Dejo aquí indicada una obra muy interesante sobre todo esto, "Entre lo uno y lo diverso" de Claudio Guillén.